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Antiguamente, se llamaba quinto a los jóvenes que al cumplir la mayoría de edad se iban a hacer el servicio militar. Aunque el servicio militar ha desaparecido en España, en muchos lugares lo quintos se han convertido en una tradición festiva, y quiero recalcar festiva, porque de eso se trata, de organizar la fiesta para que principalmente los quintos disfruten, pero tambien (como diría un cucaño) para divertir al mundo.

Fui quinto hace ya unos años, y lo recuerdo como uno de los mejores momentos de mi juventud, el poder organizar una fiesta para tu pueblo, para tu gente y con gente de tu edad. Lo importante era hacer algo para que las Navidades fueran divertidas a pesar del frio. Los quintos eramos una piña, probablemente algunos, nunca antes se habían cruzado más de cuatro palabras y tal vez, cuando acabara el año no se volvieran a ver o a tener ninguna conversación, pero en ese momento eran todos amigos como una gran familia, en la que todos colaboraban y ayudaban en lo que podían.

Mis quintos se celebraron en las escuelas "de arriba" y en mi opinión eran otra cosa, era otra esencia, como esperar cada año y subir a los quintos, al baile y subir el gran escalón para asomarte a la ventana de rejas para coger la entrada, o ir al otro lado del muro donde estaba el bar, o jugar a muérdago en la separación de las dos salas, o a las tantas de la mañana uno ir a por leña, otros a por pan y otros a por un chorizo para comerlo entre todos los que siguieran la fiesta. El día de navidad helase, lloviese o nevase, los quintos se iban de madrugada a pintar para dejar una huella por las calles de nuestro pueblo. Era un edificio medio en ruinas, por el que entraba el gelido frio por cada hueco, por cada ventana tapada con cartones, pero en aquella época no nos importaba, nos conformabamos con poco.

He ido observando con el paso de los años, que todo a ido cambiando y mucho, los quintos no disfrutan como lo hacíamos antes, parece que hacen los quintos por obligación, ya no hacen turnos para divertirse, sino que, aunque haya poca gente se pasan la noche detrás de la barra esperando a servir una consumición. Si hace frio o llueve, no salen a pintar, ya no se sortea el típico cochinillo o cordero (siempre tongo) con el que luego se hacía una cena para repasar y recordar cualquier anécdota tonta de los días pasados y uno de los aspectos que menos me gusta, es que los padres esten presentes de una forma tan fuerte, casi como sus hijos, en muchas ocasiones son los padres los que sirven en la barra, los que limpian el local al día siguiente o los que llevan las cuentas, como he indicado al principio de este escrito, "se llamaba quinto a los jóvenes que al cumplir la mayoría de edad se iba a hacer el servicio militar" es decir el paso de la adolescencia a la edad "adulta" de esta forma en vez de hacerse hombres y mujeres estamos haciendo que los muchachos se conviertan en muñecos.

Además, tengo la sensación de que la juventud se está convirtiendo en personas más avariciosas, tal vez sea la propia situación actual que les rodea, totalmente materialista, pero ahora los quintos lo que quieren es sacar la mayor cantidad de dinero para luego repartirlo entre todos. Mis quintos no libraron, ¿y que?, para mi fueron unos días fantásticos y repetiría mil veces la esperiencia. He visto que por sacar más dinero se han acusado unos a otros de robar una cantidad mísera, un paquete de tabaco o una cuña de queso, que probablemente haya cogido cualquiera de las personas, que después de llevar unas cuantas copas de más, por hacer la gracias, apañan lo que pueden. Bajo mi punto de vista, ASI NO, no es manera de disfrutar de tus quintos y de hacer que los de tu alrededor los disfruten.

He querido escribir este texto, sin anímo de ofender a nadie, ni de decir como se tienen que hacer las cosas, solo tratando de que la esencia de los Quintos sigua por muchos años y que sean ellos, los quintos los que se diviertan y DIVIERTAN AL MUNDO.

Firmado: Anónimo

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